El exceso de bañarse puede ser perjudicial

Como reza el dicho popular: todos los excesos son malos. Pues, aunque parezca mentira bañarse en exceso puede traernos más de un problema para la salud. El especialista John Oxford, virólogo de la facultad de medicina de la Universidad de Queen Mary de Londres y presidente del consejo nacional de higiene, determinó que bañarse más de una vez al día puede dañarnos seriamente nuestra piel.

Problemas que pueden aparecer por bañarse en exceso.

El primer problema que aparece por el exceso de baños es la pérdida de los componentes naturales de la piel. Debe saber que la piel cuenta con una serie de aceites y sustancias naturales que nos protegen tanto de la humedad como de los gérmenes, además de regular la temperatura del exterior e interior de nuestro cuerpo. Al exponer al agua y a las sustancias que solemos usar en nuestro baño (jabones,champús, geles etc) constantemente esta “protección natural” puede deteriorarse o disminuir, lo que perturba el índice natural de la acidez de la piel.

Pero lamentablemente este no es el único problema de las excesivas duchas, también altera la flora cutánea, muy similar a lo que ocurre con la flora intestinal, en la piel también se encuentran bacterias que ayudan a protegernos de los diversos gérmenes que contaminan nuestra piel de infecciones o irritaciones.

Además el agua que sale de nuestras duchas suelen contener una serie de sustancias altamente nocivas para nosotros. Sustancias como el trihalometanos (sustancia utilizada en el proceso de pasteurización), o el cloro entre otros elementos químicos. Y el exceso a exposición a estas sustancias terminan siendo perjudiciales para nuestra piel como para nuestro cabello.

El cabello necesita para hidratarse aceites naturales que nosotros mismos generamos en nuestro cuero cabelludo, pero al bañarnos en exceso eliminamos sin querer estos aceites; los cuales tardan días en regenerarse. Es decir que el exceso de agua puede generar la caída del cabello, sobre todo en los varones que son candidatos a sufrir de alopecia.

Los distintos expertos de la piel nos recomiendan bañarse de una vez al día, y en el verano se podría repetir el baño como máximo dos veces y evitando sustancias propias del baño, sólo con la mera intención de refrescarnos.

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El fenómeno de la obsesión por la higiene, que se viene produciendo desde hace medio siglo, parece que ha tocado techo. Si hace tres generaciones las convenciones sociales animaban a bañarse una vez a la semana, lo más habitual hoy es ducharse diariamente, cuando no dos o tres veces al día: al levantarse, después de practicar deporte y antes de acostarse. Sin embargo, cada vez son más los especialistas que advierten sobre las consecuencias negativas de lo que consideran una “higiene excesiva”. Su recomendación: ducharse cada dos o tres días, siempre que no se hagan esfuerzos físicos, se laven las manos cada dos o tres horas, y se utilice el bidé diariamente.

Los argumentos que promueven un relajamiento de la higiene personal son muchos y variados, englobando tanto los aspectos relacionados con la salud como con el medio ambiente. Entre los primeros destaca el daño que el agua y los geles de baño producen en nuestra piel y cuero cabelludo, resecándolos e impidiendo la generación de las sustancias segregadas de forma natural para protegernos de infecciones. Respecto a los argumentos ambientales, el derroche de agua, y de energía para calentarla, son sus principales preocupaciones.

Las tesis defendidas por dermatólogos, bacteriólogos y ecologistas parecen comenzar a calar entre la población, al menos, entre los británicos. Según una encuesta elaborada por el grupo SCA, el 41% de los ingleses y el 37% de las inglesas ya no se duchan diariamente si no van al gimnasio ni realizan esfuerzos físicos. Unas cifras que entre los jóvenes se reducen a uno de cada tres, entre quienes triunfan más los desodorantes que los jabones.

Sociología de la higiene

Una tendencia inimaginable hace unos años, pero que cada vez se relaciona menos con una falta de urbanidad. La socióloga Elisabeth Shove ha realizado diversas investigaciones sobre lo que denomina ‘la cultura de la ducha’ y entiende que “se trata de un hábito convertido en elemento esencial de nuestro día a día. No es una opción, es casi una obligación social”. A pesar de ello, Shove apunta que “parte de la sociedad comienza a cuestionar estas normas, recordándonos que no es necesaria una limpieza a fondo diaria si no tenemos un trabajo físico”.

La socióloga británica explica que cuanto más se van conociendo “los efectos de la ‘cultura de la ducha’ sobre nuestra piel y sobre el medio ambiente, más nos paramos a reflexionar y tratamos de bañarnos menos veces, a menor temperatura y evitando enjabonarnos tanto”. Unas pautas que, añade, “deberían venirnos a la cabeza cada vez que se nos ocurre meternos a la ducha”.

Los dermatólogos llevan años insistiendo sobre la necesidad de hidratar la piel, que se reseca y se agrieta cada vez que nos duchamos, al eliminar los lípidos por la acción corrosiva del exceso de jabón. Lo mismo ocurre con el cuero cabelludo, que se debilita y queda desprotegido tras cada lavado. Las personas con dermatitis o eczemas son más vulnerables a los químicos y detergentes que contienen los geles, por lo que les perjudican más los efectos de la higiene excesiva.

Proteger la piel para evitar infecciones

Los niños son el grupo de población con más riesgos por estos hábitos. Según un estudio de la universidad de California, la epidermis alberga bacterias “buenas” que ayudan a las células de la piel a producir sus propios antibióticos, que son especialmente necesarios para los niños y adolescentes. Si nos duchamos varias veces al día, esta protección natural contra las infecciones desaparece.

Una ducha diaria, en la que nos lavemos a fondo el cuerpo y el pelo, es suficiente para desproteger la piel”, según el virólogo de la facultad de Medicina Queen Mary de Londres, John Oxford, quien también preside el Consejo Nacional de la Higiene. “Lo más importante es lavarse las manos continuamente para mitigar los gérmenes que portamos, y evitar así que se propaguen infecciones”, añade el profesor.

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Fuentes varias

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