Dopamina: ¿sexo, lujuria, adicción?

Todos hablan de la dopamina, y es tal vez uno de los químicos en el cerebro más conocidos por las personas. Pero, ¿qué hace la dopamina en nuestro cerebro? ¿Es este químico el causante del sexo, la lujuria y las adicciones? Si quieres saber qué produce la dopamina en tu cerebro y por qué te hace sentir así, no dudes en seguir leyendo.

¿Qué es la dopamina?

La dopamina es uno de los neurotransmisores más conocidos por las personas, y a menudo se la relaciona en las investigaciones científicas con las adicciones y la lujuria. La realidad es que, si bien la dopamina puede tener que ver con todo esto, lo cierto es que no es la única culpable de tus antojos de chocolate o de tu adicción a los mojitos.

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La dopamina es una de las encargadas de pasar información de una neurona a otra. Eso es bastante simple si lo miramos en la transmisión entre dos neuronas, pero si nos damos cuenta de las millones de neuronas que hay en nuestro cerebro, es algo bastante complejo.

Los efectos de la liberación de la dopamina dependen de cuáles son las neuronas, hacia dónde va la dopamina y cuál es el papel de la liberación y la recepción. Más allá de las adicciones o la lujuria, la dopamina se encarga de iniciar los movimientos, actúa como hormona impidiendo que se siga generando la prolactina, y esto a su vez corta la leche materna; también está relacionada con la atención, las náuseas, el sistema renal y la función del corazón.

La dopamina y las drogas

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Hay que tener en cuenta que la dopamina relacionada con la motivación, la adicción o la lujuria se libera por la vía mesolímbica, en las células del área tegmental ventral –en el medio del cerebro– y enviadas al núcleo accumbens y la corteza. Toda las drogas aumentan la dopamina de la familia de receptores D2 en esas áreas del cerebro a medida que se genera la adicción a las mismas, dando al cerebro una especie de “placer”.

Además, la dopamina actúa como una señalización de la retroalimentación de las recompensas previstas. Si se asocia algo previo –por ejemplo, armar un porro– con la sensación de placer posterior, la dopamina ya empieza a producirse.

Sin duda alguna, en el caso de las adicciones juega un papel mucho más importante esta especie de motivación que el placer en sí mismo de la acción.

La dopamina y la atención

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También hay que tener en cuenta otra de las actividades mesolímbicas de la dopamina: la relacionada con la atención. Se ha visto que muchas personas que sufren de estrés post-traumático producen gran cantidad de dopamina, actuando en el cerebro para que preste más atención. Cuando esto se descontrola, puede llevar a problemas como el déficit atencional o la hiperactividad.

Pensar en la dopamina como responsable de las adicciones es una forma muy conformista y básica de pensar en nosotros mismos. De esta forma, nos libramos de las culpas por algunas cosas, cuando en verdad nuestro cerebro es mucho más complicado de lo que pensamos. Además, pensar que la dopamina es algo nos hace creer que estamos predeterminados, por lo que es un aliciente para no hacer nada y seguir como estamos.

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Visto en Ojo Científico

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