Algunas reflexiones sobre el futuro laboral

Como decía S.C. Lewis “El futuro es algo que cada cual alcanza a un ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga y sea quien sea”. Sobre el futuro podemos hacer infinidad de preguntas pero obtener muy pocas respuestas, aunque sí hacer predicciones más o menos certeras. Para intentar imaginar cómo será el mañana del mundo laboral hay una realidad incuestionable de la que partir y es la evolución que ha sufrido la sociedad.

No importa el nombre que utilicemos para referirnos a ella (sociedad 2.0, de la información, del conocimiento, del talento, etc.) sino las características que la definen.

Como la califica Bauman, estamos en una sociedad líquida. Ya no vivimos en un mundo estanco ni sólido, sino en uno tan cambiante como un líquido.

Los sólidos conservan su forma y permanecen en el tiempo, sin embargo, los líquidos están en continua transformación, fluyen, se filtran, son imprevisibles.

¿Cómo nos afecta a los profesionales vivir en una sociedad líquida?

El concepto de puesto de trabajo tradicional tiene su origen en el Taylorismo, método de organización del trabajo que partía de la premisa de una comunidad estable, con pocos cambios y empleos para toda la vida. Pero en estos momentos un empleo no equivale a seguridad y las carreras profesionales están dejando de ser exclusivamente lineales ascendentes.

La diferencia que existe ahora entre el profesional de factura y el profesional de nómina empieza a difuminarse y llegará un punto en el que finalmente desaparezca.

El trabajador por cuenta propia no será el único que preste servicios por proyectos, lo haremos todos. Sustituiremos el concepto de puesto de trabajo por el de proyecto y el de empleador por el de cliente.

Este cambio nos confiere una gran autonomía y libertad para trazar nuestro trayecto profesional. Las vidas laborales serán cada vez más individualizadas.

profesionalesNo sé si alguien recordará una de las frases míticas de Henry Ford: “¿Cómo es que cuando quiero un par de manos también me traen un ser humano?”

El señor Ford no daría crédito al giro que han tomado las cosas porque el valor más preciado de un profesional es y será su talento, su cabeza y no sus brazos.

Para los que nos gusta asumir nuestros propios retos y disfrutar de una parcela de independencia en la que desempeñar nuestras funciones estamos de enhorabuena. Pero para las personas que prefieren entregar las riendas de su vida al jefe o a la empresa y que sean estos los que tiren del carro, me temo que no son buenas noticias.

Ser independientes no es tan fácil como pueda parecer porque tiene consecuencias a las que aún no estamos acostumbrados. Me refiero a un modelo de trabajo que ofrece muchas oportunidades pero también es muy exigente con cada persona.

Los nuevos profesionales deben contemplar su futuro como una evolución permanente. Lo importante es la actitud, las competencias personales y el talento, el expediente académico tendrá cada vez menos valor. ¿Y por qué lo creo? Porque es muy difícil competir con un profesional que sienta pasión por lo que hace, ya que es el que busca la excelencia.

Las empresas no pueden soportar el coste económico de una estructura fija sobredimensionada, por lo que tenderán a quedarse con una mínima estructura muy flexible que permita atraer a buenos profesionales para proyectos concretos. Como una obra de teatro o una producción cinematográfica, parte de ese gran equipo se disuelve cuando finaliza el proyecto para dedicarse a otros igual de interesantes, si no más.

En un mundo donde hay tanta cantidad de información y que gracias a la tecnología se difunde y se comparte muy rápidamente, los ciclos de innovación son cada vez más cortos. La innovación de ayer es el estándar de hoy y la obsolescencia del futuro.

Esto significa que debemos ser únicos, insustituibles y aportar algo diferente. El valor reside ahora en filtrar, traducir y seleccionar información para generar conocimiento y conectar saberes y contextos.

Pero llegados a este punto nos encontramos con un gran obstáculo. No nos han enseñado ni nos han educado para ser autónomos, para asumir riesgos ni para diferenciarnos del resto. Nos han engañado, sí lees bien, nos han engañado.

Desde que somos pequeños nos han educado y nos han entrenado para ser mediocres. Nos han dicho que si somos mediocres, trabajamos en empresas mediocres y no destacamos no tendremos problemas. Sin embargo, ahora descubrimos que es mentira y lo peor de todo, después de iniciar la partida hace mucho tiempo nos han cambiado las reglas del juego sin avisar.

alineando niñosA muchas empresas y directivos se les llena la boca al proclamar a los cuatro vientos que lo que buscan son profesionales creativos, innovadores, que cuestionen la forma de hacer las cosas para ayudarles a cambiar, pero se trata de marketing, la gran mayoría continúa buscando obediencia.

En las organizaciones se castiga al que intenta hacer cosas diferentes, fomentar cambios y se equivoca, porque todos sabemos que es imposible innovar y crear sin fracasos. No obstante, no se sanciona al que no hace nada, al que no aporta valor, al que obedece sin cuestionar.

¿Qué incoherencia es esta?

Pues algo tan habitual que hasta tiene un nombre, el síndrome de la amapola alta o de la alta exposición. No te levantes ni sobresalgas o te cortarán. No hables si no te preguntan, no trabajes más de la cuenta, no tomes la iniciativa, simplemente encaja sin sobresalir.

¿Por qué admiramos a los profesionales que no suponen una amenaza para nuestro estatus? Por la sencilla razón de que si los “profesionales amapola alta” están cerca hacen sombra y además… ¿acaso no es mucho más bonito un campo de amapolas de la misma altura, todo homogéneo que con flores diversas?

Todos somos únicos en algo pero nos han educado a ser vulgares, nos han entrenado en el conformismo y nos han obligado a pasar desapercibidos. Pues ha llegado el momento de romper con el pasado y olvidar falsas creencias, llegó la hora de desaprender para aprender de nuevo.

La transición nunca se produce en línea recta pero si eludimos nuestra responsabilidad no alcanzaremos el éxito, seguiremos siendo anodinos.

Todo parece muy bonito y muy sencillo, pero parafraseando a la profesora de la serie de T.V “fama”: una buena marca personal cuesta, y se paga con sudor y empeño. Pero además hay un factor importante que debemos tener en cuenta. A medida que tu marca personal empiece a posicionarse, conforme empieces a brillar te encontrarás con personas que cambiarán su actitud hacia ti y como dice una amiga Eva Collado Durán, tendrás que aprender a “gestionar la envidia”.

…Pero sus estridentes ladridos sólo son señal de que cabalgamos”. Goethe

Crear, innovar, romper los moldes implica transgredir la zona de confort de empresas y personas.

Construir una marca personal sólida no es tarea para personas ociosas, requiere perseverancia, una alta dosis de confianza en ti mismo y especialmente fortaleza para luchar contra los que quieran restarte la visibilidad que vas ganando.

future-175620_640Mientras avanzas aparecerán personas que al haberse dado cuenta de tu progreso y del aumento de tu atractivo para el mercado laboral, no podrán soportar tu éxito y en lugar de trabajar su propia empleabilidad interna expresarán su frustración “ladrando”, como decía Goethe en su poema.

Cuando tu carrera profesional progrese se te criticará con insistencia, pero no te preocupes, será una señal de que lo estás haciendo bien.

No te desanimes, mantén la fe en ti mismo, cuando trabajas en lo que crees serás feliz y podrás escoger tu propio camino, aunque no sea fácil y te equivoques en algunas decisiones, pero serás el responsable de tu futuro.

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extractos

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