La educación es confianza en ti mismo y en la existencia

“La educación es confianza en ti mismo y en la existencia, permitiendo el despliegue de todo lo que se oculta en ti; es sacar todo lo que está dentro afuera. Pero tú no le importas a nadie. A la sociedad le importan sus propias ideas, ideologías, prejuicios, tecnología; siguen obligándote. Usan tu cabeza como si se tratara de un lugar vacío, que tienen que amueblar. Normalmente la educación, o todo lo que tienes a mano bajo el nombre de educación, no es nada más que atiborrar la mente de conocimientos, porque el conocimiento tiene alguna utilidad. No le importas a nadie, a nadie le preocupa tu destino. Necesitan más médicos, más ingenieros, más generales, más técnicos, más fontaneros, más electricistas. Los necesitan; te obligan a hacerte fontanero, o médico, o ingeniero.

No estoy diciendo que haya algo malo en ser ingeniero o médico, pero desde luego está mal si se te obliga desde el exterior. Si alguien florece en forma de médico, verás cómo a su alrededor sucede una gran curación. Será un sanador de nacimiento. Será de verdad un médico, sanará todo lo que toque. Ha nacido para eso.

Pero cuando se te obliga desde el exterior y lo tomas como una profesión, porque tienes que vivir y aprender a ganarte tu sustento, lo asumes. Entonces uno está paralizado y aplastado por el peso. Te sigues arrastrando, y un día te mueres. En esa vida no ha habido ni un momento de celebración. Por supuesto, dejará mucho dinero para que sus hijos se conviertan en doctores cuando les toque el turno, para que vayan a la universidad, a la misma universidad que le ha destruido. Y sus hijos harán lo mismo a sus hijos, y así es como todo se transfiere de una generación a otra. No, a esto no le llamo educación. Esto es un crimen. Es realmente un milagro que a pesar de esta educación de vez en cuando florezca un buda en el mundo. Es un milagro. Es increíble que alguien consiga escaparse: es una metodología para matarte, está arreglado de esta manera. Y los niños pequeños son atrapados en el mecanismo sin saber adónde van, sin saber qué van a hacer con ellos. Cuando se dan cuenta, ya están totalmente corrompidos, destrozado pensar sobre qué van a hacer con su vida, ya son incapaces de ir en ninguna otra dirección.

Cuando tengas veinticinco o treinta años, se te habrá ido la mitad de tu vida. Pero cambiar parece demasiado arriesgado. Eres médico, tu consulta va bien; de repente un día te das cuenta de que no estabas destinado para esto. No es lo tuyo, ¿pero qué puedes hacer ahora? Sigues fingiendo que eres un médico. Y si el médico no está contento de ser médico, no podrá ayudar a ningún paciente. Podría medicar al paciente, podría darle un remedio, pero no va a ser realmente una fuerza curativa. Cuando un médico es realmente un médico, médico de vocación…. y todo el mundo ha nacido para algo… Podrías no enterarte, podrías ni siquiera saberlo. Algunas personas nacen poetas, pero no puedes crear un poeta. No hay manera de fabricar poetas. Algunas personas nacen pintores; pero tú no puedes fabricar pintores.

Pero las cosas están muy mal colocadas: el pintor está trabajando de médico, el médico está trabajando de pintor. Ahí tienes al político: podría haber sido un buen fontanero pero se ha convertido en primer ministro o en presidente. Y la persona que podría haber sido primer ministro está de fontanero.

Por eso hay tanto caos en el mundo: todo el mundo está mal colocado, nadie está exactamente donde debería estar. Una buena educación será exactamente un camino a la meditación. Una educación errónea es una barrera para la meditación, porque una educación errónea te enseña cosas que no se ajustan a ti. Y a menos que algo encaje contigo y tú encajes con ello, nunca podrás estar sano y completo. Sufrirás.

Por eso, normalmente, cuando una persona educada se interesa en la meditación tiene que desaprender todo lo que ha aprendido. Tiene que regresar a su infancia y empezar desde allí, desde el ABC. De ahí mi insistencia en algunas meditaciones en las que tú de nuevo te vuelves un niño. Cuando bailas eres más un niño que una persona adulta.

Los hombres que tienen un cierto prestigio social se quedan muy atascados porque no pueden hacer nada, no pueden arriesgar su prestigio. Tienen miedo. No son felices, no saben lo que es la dicha, no saben exactamente lo que significa estar vivo, pero son respetables. Por eso se aferran a su respetabilidad, y después mueren. Nunca viven; mueren antes de haber empezado a vivir. Hay muchas personas que mueren antes de haber empezado a vivir”.

ossho

OSHO, El libro del niño. Una visión revolucionaria de la educación infantil

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