¿Para qué sirven los valores?

Si nos ponemos a analizar, la violencia cotidiana cada día excede los ámbitos del crimen organizado y profesional y es hoy en día un modo naturalizado de relación. Se nota en la degradación del lenguaje, en usar la televisión como difusor de basura; solo hay que escuchar un par de pautas publicitarias o una conversación en un colectivo.

Leyendo en un periódico de circulación nacional que 3 psicólogas durante el año 2009 coordinaron en la fiscalía de una ciudad costanera, grupos de reflexión con 30 personas de entre 18 a 65 años de edad que pagaban penas por haber lesionado de manera irreversible o por haber causado la muerte a otros en accidentes de tránsito, me hizo generar en mi mente varias reflexiones.

Las psicólogas realizaron este trabajo durante un año y luego presentaron sus conclusiones en un congreso de psicología en donde sorprendió y estremeció a quienes leyeron y analizaron este informe, y es que aquellos sindicados no mostraban ningún tipo de emoción ante lo que habían hecho… absolutamente NADA. No expresaron ni culpa ni dolor por ese otro, ese semejante, ese humano muerto por ellos… había sido para estos asesinos al volante apenas un objeto molesto que de pronto golpeó contra su auto.

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Además estos sindicados se quejaban de los inconvenientes que les causo el proceso judicial y encima se consideraban víctimas de una injusticia.

Muchos especialistas en cuestiones de tránsito coinciden en que la forma en que se maneja en una determinada sociedad dice mucho acerca del modo que se vive en ella y yo estoy de acuerdo con esa apreciación y añado que también la forma en la que se practican y viven los deportes, las conductas en los espacios públicos, la actitud ante los temas de interés común, el estilo de las celebraciones, los programas de éxito en la televisión, el tipo de lecturas predominantes, todo ello son testimonios veraces y ciertos acerca de los valores dominantes en una sociedad, del tipo de relaciones interpersonales que se maneja en ella y de su estado moral.

El resultado de ese trabajo hecho por estas psicólogas es muy desalentador y triste pero para nada debe sorprender en esta sociedad actual. Una persona ajena e imparcial que camine por las calles argentinas o viaje por sus rutas, no demorará mucho en concluir que para una masa crítica de personas los demás son simples obstáculos de los que hay que deshacerse de cualquier manera. Esto significa transgredir las normas, las reglamentaciones y las leyes establecidas.

Esto se ve instantáneamente en materia de velocidad, estacionamiento, prioridad de paso de peatones o autos, uso de la bocina, mantenimiento de los elementos de seguridad del vehículo como luces, frenos, uso del cinturón, abuso del celular mientras maneja, poniendo en juego su propia integridad y la de otros conductores y peatones.

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Cualquier infractor al que se le muestre su falta de conducta se ofenderá y reaccionará airadamente y en algunos casos se pasa a las agresiones físicas. Una mirada a esas muertes gratuitas y a los asesinatos y suicidios disimulados como accidentes dicen que algo muy serio pasa en las relaciones humanas, el respeto por el otro y la capacidad para convivir en este país.

También hay que ver el desparpajo y la facilidad con la que se ensucian los espacios públicos arrojando papeles, botellas, cajetillas, servilletas y todo tipo de porquerías en cualquier momento y lugar, contaminando las calles con basura fuera de los horarios establecidos para una convivencia civilizada.

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Cuando observamos y escuchamos a esas hinchadas cada día más violentas del fútbol, el “deporte nacional” y parte de la identidad argentina; arengando porque sus equipos ganen a como dé lugar, amenazando a las hinchadas contrarias que los van a matar o gritando contra jugadores o inmigrantes de otros países, se aprende bastante y de forma rápida, acerca de la xenofobia y el machismo que es una forma cierta y extendida en todas las clases sociales y estoy seguro que muchos mirarán para otro lado a la hora de aceptarlo.

No entiendo por qué cualquier festejo solo tendrá en cuenta las ruidosas, ensordecedoras, ilimitadas y frecuentemente alcoholizadas ganas de buscar diversión, aludiendo a que tienen derecho los celebrantes, sin importar que esas actitudes invadan y mortifiquen la vida de otros, esa es la cruel radiografía de toda esa convivencia social.

Y eso sin dejar de lado ver cómo quedan y en qué estado los espacios y monumentos que las autoridades pertinentes abandonan, a la búsqueda de cosechas políticas más rentables y que todos estos “ciudadanos” destruyen y envilecen con una esforzada persistencia digna de mejores causas.

Realmente es una gran pena que ahora en las escuelas la cátedra de “Valores” solo exista como título de un horario de clases, porque ni siquiera quienes deberían enseñarlos, tienen la capacidad moral para hacerlo.

Recién terminaba de escribir este artículo, cuando me encuentro con la noticia que apareció en varios diarios y noticieros hoy 11 de septiembre de 2014 donde; con gran titular se anuncia que “a partir de 2015 no habrá más aplazos en las escuelas primarias, los alumnos podrán llevarse materias previas y la nota más baja será un 4.” Quienes realizaron las modificaciones aseguran que las notas 1, 2 y 3 son “estigmatizantes” para los nenes cuando reciben el boletín.

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Que yo recuerde en mi querida Colombia, cuando hacía mi primaria, mi bachillerato y luego en la facultad, recibí varios 1, 2 o 3 cuando por falta de estudio o de investigación no cumplía con el objetivo evaluado y eso en vez de ser “estigmatizante” para mí, me llevaba a remontar esa mala calificación, a cuidar mi estudio, leer más, hacer mayor investigación y preguntar en clase a fin de no perjudicar mi promedio de calificaciones que por lo general no bajaba de 4. (En ese tiempo la escala de calificación iba de 0 como mínimo a 5 como máxima nota y entre ellos algunos decimales, la mínima aprobatoria era 3 y ni siquiera un 2,99 daba lugar a materia aprobada, había que volver a repetir la prueba o la materia.)

No necesité nunca de psicólogo porque alguna mala nota me generara un trauma emocional, lo único extra que mis padres hicieron en la secundaria fue, conseguir que tomara algunas clases particulares que me ayudaran a entender y aprobar alguna materia que me estuviera causando dificultad, y cancelarme los permisos de salida, de ir al cine o de reunirme con mis amistades hasta que la calificación hubiera mejorado. Había que ver el empeño que ponía estudiando para librarme de esos castigos porque un sábado o un domingo alejado de mis diversiones favoritas, de los bailes, de estar al lado de la chica que me coqueteaba o de anotar un gol, eso era algo impensable para mí.

Entonces… ¿a donde quieren llegar con este tipo de educación? ¿Qué clase de ciudadano “consciente” va a resultar de una educación en donde cada día la palabra “Valores” habrá que buscarla en un diccionario antiguo para que estas generaciones comprendan algo que nunca obtendrán?, Esto lo saben bien los gobernantes quienes están cada día más atentos a que el pueblo sea una masa ignorante y sin respeto ni valor para así manipularla a su antojo y de acuerdo a sus necesidades de voto.

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